¿Por qué la obsesión de los seres humanos por el poder? – Por: Isaac Monataño Roa

¿Por qué la obsesión de los seres humanos por el poder? El ser humano es un ser con hambre de poder – Por:Isaac Monataño Roa, estudiante de undécimo grado. Disertación filosófica para la clase de filosofía

La estrecha relación que han venido llevando los humanos con la idea de poder desde tiempos prehistóricos es una de las más curiosas, teniendo en cuenta que el ejercicio del poder ha acompañado al hombre desde nuestros antepasados cromañones, con la aparición del poder físico, hasta los días actuales con el poder político. Desde su concepción, los seres humanos hemos desarrollado una obsesión casi enfermiza por el poder, porque este nos proporciona sensaciones de seguridad, control y reconocimiento; impulsos profundamente relacionados con la naturaleza humana. Es decir, la búsqueda de poder es algo intrínseco del ser humano.

Según Spinoza, las emociones son el motor principal de nuestras acciones. Ante emociones como el temor a la dominación, la envidia por comparaciones sociales como las jerarquías y la frustración por situaciones de impotencia, se produce una necesidad en el ser humano por controlar su entorno o a sus semejantes, protegerse a sí mismo y a los suyos, y conseguir reconocimiento y validación. El poder es la herramienta que utiliza el hombre para suplir estas necesidades.

Cabe aclarar que, a medida que el ser humano ha venido evolucionando, el ejercicio del poder lo ha venido haciendo junto a él. Desde su forma primitiva como poder físico, pasando por el poder religioso en el oscurantismo, el poder político con la llegada de la democracia, el poder intelectual en la época de la Ilustración, el poder económico con la creación del capitalismo y, en la actualidad, el poder mediático con las redes sociales y los medios de comunicación masivos.

Aristóteles definía al ser humano como un ser social o animal político. Foucault argumenta que el poder estaba presente en todas las relaciones sociales, desde la escuela hasta la familia. Por consiguiente, podemos afirmar que el ejercicio del poder es algo inseparable de la naturaleza humana.

El mismo Foucault afirma que el poder no solo se encuentra en el gobierno o en grandes instituciones, sino que está presente en nuestras vidas desde que nos enseñan a obedecer normas, aceptar jerarquías y, por sobre todo, agachar la cabeza y mantenernos callados cuando alguien con más poder que nosotros considera apropiado intervenirnos de la forma que él o ella desee. Desde esta perspectiva, la búsqueda de poder no solo es una ambición individual y egoísta, sino que también es el resultado de una estructura desigual.

En conclusión, la obsesión por el poder puede entenderse como un elemento fuertemente ligado a la naturaleza del ser humano. Esta observación es el resultado de la búsqueda por suplir necesidades humanas básicas relacionadas con la esencia social de las personas. Este ejercicio de poder ha estado, está y estará presente en la vida cotidiana de las personas durante toda su existencia, ya que hace parte de las maneras en las que se relacionan entre ellas mismas y con su entorno. La pregunta ahora no es por qué el hombre busca poder, sino si alguna vez podrá dejar de hacerlo. Seguramente no. Porque para que el hombre se sienta como lo que es, un hombre, debe sentirse capaz de ejercer poder y dominación.

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